lunes, 1 de mayo de 2017

Me paso a Kindle!

Bueno, ya ha pasado un tiempo desde la aventura de publicar con una editorial en papel, y tengo que decir que ha sido una experiencia maravillosa. He hecho varias presentaciones, he conocido a mucha gente, he firmado ejemplares (¡hasta en Les Rambles, en Sant Jordi!) y creo que es el momento de seguir mirando hacia adelante.

Ya hace demasiado tiempo que mi primera novela, Els Arcanistes, reposa en el cajón de "pendientes" a la espera de que me contesten las últimas editoriales a las que la mandé. Además, estamos en la era digital y la mayoría de autores noveles se autopublican para llegar al gran público.

¡Así que puedo decir orgullosamente que ya está subida la versión digital original de Els Arcanistes a 2,99 euros en Kindle!

Podréis ver el enlace en el propio blog cuando descubra como se comparte (ejem).

PD: En breve, la versión en castellano.

PD2:Aprovecho para recordar que aun existen ejemplares de El Moment Exquisit. Para pedidos, por favor contactad conmigo.

miércoles, 8 de julio de 2015

Nueva página amiga

Añado a la sección de páginas amigas el blog de una amiga mía, Silvia Mayans. Es una escritora afincada en Arnes (Terra Alta), autora de Cap llágrima sobre la tomba (Pagès Editors)

martes, 14 de abril de 2015

El Moment Exquisit

Aquí lo tenemos! La maquetación y correcciones del texto se han llevado a cabo de manera satisfactoria a lo largo de estas últimas dos semanas, y por fin puedo hacer pública la portada de mi primera novela publicada, El Moment Exquisit (El Momento Exquisito).

Ahora, directos a Sant Jordi i al dia 12 de mayo, cuando se hará la presentación oficial.

EDIT: Por cierto, la ilustración es obra de Roger Surroca ;)

jueves, 9 de abril de 2015

Primer gran paso

Al fin lo conseguí. Después de años dedicándome a esto de la escritura por fin podré ver como el fruto de mi trabajo ve la luz y llega a más gente.

Y es que este Sant Jordi van a publicarme mi primera novela, un libro de relatos cortos que se titulará El Moment Exquisit (El Momento Exquisito), gracias al apoyo de The Secret la Revista.

Es difícil expresar con palabras lo que siento en estos momentos. Baste decir que es el culmen en cuanto a gratificación para alguien que cultiva esta profesión a veces tan solitaria, amarga e ingrata.

Si alguien se pasea por Barcelona este dia 23 y se topa con el tenderete de The Secret la Revista, tanto Marta como Montse estarán encantadas de venderos un ejemplar a precio bastante razonable.

lunes, 23 de marzo de 2015

Participación en Palabra Obligada

Palabra obligada es un sitio web creado por mi amiga Cristina, en el que cada mes los colaboradores deben escribir un relato o poema que contenga cierta palabra.

Debo decir que es una experiencia muy enriquecedora, y espero seguir colaborando mucho tiempo.

Aquí van los tres primeros escritos.

Picor en cero
Eran las 46:37. En el pabellón carcelario orbital Encélado reinaba una grata ingravidez silenciosa. Winona esperaba, sujeta al cable de seguridad, mirando la escotilla. Suspiró, empañando así su casco por un segundo. Alexei se retrasaba.

Pasados diez minutos, la escotilla se abrió. El cuerpecillo desgarbado de su compañero cruzó el umbral, arrastrando tras de sí a los reos.

  • Ya era hora, macho. – le espetó Winona – Eh, ¿qué le pasa a ese? Se retuerce como un gusano en un anzuelo.
  • No lo sé. Es mudo y está medio loco. Me ha costado horrores meterle en este condenado mono de trabajo sintético.

Cuando llegaron a la sección de trabajos forzados y se ocuparon de los reos para sus nuevas ocupaciones, vieron que el sujeto AT-00349 estaba cubierto de ampollas. Pensaron que se trataba de una nueva mutación, aislaron el módulo y se quedaron un año en cuarentena. A nadie se le ocurrió mirar su historial, donde ponía claramente que era alérgico al poliéster.

Da, da
Milton no estaba en su mejor momento. Desde hacía una semana, se había apoderado de él una extraña locura que lo empujaba a ser quien no era.
Empezó apareciendo entre los miembros del Club Dadaista vistiendo formalmente, hablando con perfecta dicción y usando la forma correcta de la sintaxis por primera vez en toda su vida. Cada cosa que les decía a sus estupefactos colegas la pensaba muy mucho, y hasta llevaba un pequeño diccionario para consultar la adecuada acepción que quería usar en cada momento.

Sus compañeros, indignados, al final lo expulsaron del dadaismo por ultra-realista-correctista. Él, en lugar de seguir el consejo de Borc; su amigo nihilista de confianza; y librarse a la bebida para pasar el mal trago, decidió acudir al psicólogo.

Dijo que era francés, aunque su acento parecía argentino, y después de mucha terapia concluyeron que debía meterse a abogado.

Estela de poder
Hace mucho tiempo, en la antigua Babilonia, sucedía una cosa curiosa en el sector de la construcción. El rey de turno, triunfador en mil batallas, era quien ponía el dinero para levantar un palacio o un ziggurat. A cambio de tal dispendio, había que llenar el edificio con estatuas y gravados que lo representaban. Es decir, propaganda. Cualquiera que entrase allí sabría quien había sido el tipo de la pasta.

Imagino su imagen severa mirándote desde todos los ángulos, hasta en el váter.

Es como si entrases a mear al Corte Inglés, por poner un ejemplo, y te encontrases en la pared de enfrente un póster con el señor Corte (o señor Inglés, no sé como va) mirándote fijamente, como diciendo: “Estás en mi casa, y ese retrete lo he pagado yo. Así que antes de salir más te vale TIRAR DE LA CADENA”.   

jueves, 16 de octubre de 2014

Los Arcanistas en el I Concurso de Novela de Autopublicación Tagus

Días movidos para la novela, que ya circula en algunos círculos más de los que estaba hace tan solo un año. Para leerla (y valorarla), solo hay que pinchar aquí:

http://goo.gl/Kg57F4

martes, 9 de septiembre de 2014

Inquietudes

Novedades veraniegas que vienen con retraso. ¡Espero que lo disfrutéis!



Inquietudes

Hacía varios años que me diagnosticaron el Síndrome de Piernas Inquietas. Bueno, tal vez me lo autodiagnosticarse yo mismo viendo la noticia en la tele, pero tiempo después era irrefutable. Tenía todos los síntomas.

Es lo más molesto que hay. Aparece sobre todo de noche. Te tumbas en la cama, y de cintura para arriba tu cuerpo intenta dormir. De cintura para abajo parece que bailen el mambo. Comienza con escalofríos en las plantas de los pies, que se acaban convirtiendo en calambres que te recorren la pierna y suben hasta cerca de la axila. Después vienen los espasmos, como si te dieran electro-choques. El punto álgido de este síndrome es cuando las piernas comienzan a pedalear, como si quisieran hacer por sí solas toda una vuelta ciclista.

Llevaba un tiempo en que no podía dormir nada. Las noches en blanco me tenían negro, y ya casi no era ni yo mismo. Recorría el día lánguido, como un alma en pena, sin apetencias, esperando como un condenado la hora que oscureciera y el calvario volviera a empezar.

Aquella noche, volví a pensar en el tour de Francia. Podría hacerlo en una bicicleta especial, con un colchón acoplado. Todo el mundo se reiría al principio, pero aquellas sonrisas se congelarían los rostros escépticos cuando subiera al podio, en pijama, sin resoplar y ni una gota de sudor en la frente.

Ya eran las tres de la madrugada, y nada. Me levanté, me vestí y, cosa que nunca hago, bajé directo al garaje a poner en marcha el coche.
Al principio no tenía nada concreto en mente. Quizás circular sin rumbo fijo por las calles desiertas, pero cuando ya estaba a veinte kilómetros de mi pueblo, por la autopista ... De repente tuve la idea de ir al norte.

Nunca había ido al norte. No sabía ni cómo era. Así que, viendo las ganas de movimiento de mis piernas, no puse trabas a ese impulso.

Alargué el viaje tanto como pude. Dormía en hoteles de carretera y en áreas de servicio. El país es realmente pequeño, como dice la canción. No hay suficiente espacio para hacer un auténtico viaje de introspección en coche.
Ya sabéis de qué hablo, uno de esos trayectos largos y tediosos, de película, dados a hacer cavilaciones. No. En este país tan pequeño, para hacer un buen viaje de película en coche se necesitan dos cosas: dinero (para los perennes peajes) ​​e ir a no más de treinta por hora.

Cuando llegué al norte, era como me había esperado. Un espectáculo para los sentidos. Hacía tanto frío que hubo noches que no distinguía el temblor de las piernas del del resto del cuerpo.
Me lo pasé en grande. Incluso conocí a un grupo de traficantes. Traficaban con nieve fresca. La sustraían de una estación de esquí, al amparo de la noche, y se la vendían a peso a una famosa planta embotelladora de agua mineral. No puedo decir ni de qué estación ni de qué planta embotelladora se trata, los traficantes me lo hicieron prometer. Uno de ellos, el más joven, me deleitó con una sublime interpretación de baladas de amor. Su voz de tenor era fantástica.

Decidí volver a los pocos días, no sin antes echar una paradita para ir a la playa. El rumor del mar me relajó tanto que me quedé dormido en la arena. Mis piernas comenzaron a pedalear de nuevo, y al final la marea subió y ... Parecían talmente como un motor fueraborda. Ni las tintoreras osaron acercárseme.

No sé cuánto tiempo pasé en alta mar. Cuando ya pensaba que estaba todo perdido, y parecía que mi medio de locomoción llegaría a su límite pronto, un barco me pescó.
Dos días más tarde me subastaban en la lonja de Barcelona. Decían que era una especie nueva de sirénido, e incluso el zoo municipal pujó por mí.

Finalmente me adquirió un empresario bastante esnob de Sant Gervasi. Me quería convertir en una nueva pieza de su colección privada de rarezas de la vida animal.
Pasados ​​unos días, comenzó a sopesar la idea de enviarme a un taxidermista, ya que sus esfuerzos para encontrar un ambiente en el que yo pudiera aclimatarme habían sido infructuosos. Por lo visto, yo tenía una malsana tendencia a ponerme enfermo cuando él intentaba sumergirme en un tanque de agua salada que me había construido expresamente.

Mis días como rareza enciclopédica se acabaron cuando un grupo de secuestradores se me llevó, aprovechando un descuido de mi anfitrión.

Sentado en el asiento trasero de su furgoneta, atado de pies y manos, sufriendo los incontrolables espasmos de mis piernas sin ni poder hacerme unas friegas, les relaté mi historia. En la radio sonaba una canción de Rita Coolidge.

El hecho es que se compadecieron de mí, y antes de llegar a su destino me liberaron, en uno de los estanques de la Ciutadella.
Después de pasar la noche del loro entre los patos de ciudad, cuando despuntaba el alba decidí arreglarme e ir a desayunar un café con leche y un croissant.

En el bar estaban dando el tour de Francia. Yo que me quedo mirándolo con los ojos como platos, y me echo a reír de repente.
Me acabé el desayuno, pagué y me volví caminando hasta casa. No podía evitar fijarme en la irredenta determinación de mis piernas, pero esta vez desde la admiración y no desde el enojo. Siempre en movimiento pasara lo que pasara, y ya no sólo de noche o cuando yo quería dormir.

Si fuera por ellas, andaría eternamente. Y por primera vez pensé que aquello no sería tan terrible. Hay gente que no las ha usado nunca, aunque pueden. Yo al menos he visitado el norte.